LEAN ON PETE

Director: Andrew Haigh
Calidad Técnica: Buena
Duración: 121 m.
Aspectos a destacar: Alguna violencia.

Charlie es un adolescente, establecido recientemente en las proximidades de Portland. El chico añora algo parecido a un hogar: la madre les abandonó siendo él muy pequeño, el padre le quiere pero es un mujeriego que se mete fácilmente en líos. Echa en falta especialmente a su tía, de la que conserva una fotografía con él de niño. Casualmente conoce a Del, un tipo que malvive entrenando caballos de carreras. Aunque no es perfecto, es buena persona y le da trabajo. Lo que propicia el encariñamiento de Charlie hacia un caballo de cinco años, Lean on Pete, que fácilmente podría acabar en el matadero cuando deje de resultar rentable.

Chaval, caballo, carreras. Con estos elementos se puede entregar con facilidad y en el mejor de los casos una película previsible. Lean on Pete no lo es, sorprende gratamente por su realismo y contención, no busca la emoción y la lágrima fáciles, y lo que vemos resulta creíble, lo que no necesariamente significa desagradable, y también conmovedor. Quizá el film es algo largo, con pasajes algo extendidos, pero tiene sentido el riesgo de tomarse un tiempo para contar bien lo que se pretende.

Andrew Haigh (45 años) adapta una novela de Willy Vlautin, que muestra con habilidad el proceso de maduración del protagonista, un magnífico Charlie Plummer, visto recientemente en Todo el dinero del mundo. Al chico le toca soportar la mayor parte del peso de la película, en gran parte acompañado del caballo que da título al film, y sale airoso del difícil reto. Resulta muy creíble como joven sensible, capaz de conectar con las personas, sometido a duras pruebas, y que desarrolla una relación muy especial con Pete.

El director y guionista sabe ir mostrando además una amplia galería de personajes en el periplo de Charlie hacia Laramie, Wyoming, buen reflejo de parte del paisaje humano de Estados Unidos que a veces los medios y los políticos se empeñan en ignorar, donde todos los actores están muy bien: Travis Fimmel, el padre, Steve Buscemi, el entrenador, Chloë Sevigny, la jockey, y Steve Zahn, el tipo que le acoge en la caravana, pero también otros secundarios desconocidos de breve presencia en roles camareros, veteranos de Irak, encargados de un establecimiento, una joven obesa que vive con su abuelo…

No hay un empeño a toda costa por entregar una película "bonita", ni se juega de modo desproporcionado con la incertidumbre del resultado de las carreras. La película es sobre todo, muy humana –equina también, por supuesto–, y por ello, bella.

José María Areste

Información ofrecida por Ateleus

 

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