UN ITALIANO EN NORUEGA

Director: Gennaro Nunziante
Calidad Técnica: Buena
Duración: 86 m.
Aspectos a destacar: En ocasiones utiliza un lenguaje zafio.

Desde niño Checco Zalone tuvo un sueño: ser funcionario. Para él dedicar la vida a poner sellos en un despacho era el sumum de la felicidad, y ya adulto, una vez es encargado del departamento de caza y pesca, disfruta completamente de su puesto vitalicio. Sin embargo, cuando el nuevo gobierno italiano decide reducir el número de funcionarios, le ofrecerán a Zalone una suculenta compensación económica siempre y cuando firme su dimisión. Todos lo hacen menos él: soportará cualquier cosa antes de abandonar su plaza de funcionario.

Divertida. Muy divertida. Si la principal misión de una comedia es hacer reír habría que situar a Un italiano en Noruega en uno de los más altos escalafones de su género, porque el director Gennaro Nunziante y el actor Checco Zalone han dado en el clavo, y de pleno. Ambos vienen colaborando estrechamente desde 2009, año en que estrenaron Cado dalle nubi y desde entonces han firmado cuatro películas juntos, siempre bajo la dirección de Nunziante y con guion de ambos. Está claro que aquí el estilo es cien por cien Zalone –actor, guionista, compositor–, un cómico de raza que más que interpretar –no parece especialmente bueno en este aspecto– sabe tocar a la perfección las teclas del imaginario común de la parodia, especialmente sirviéndose de los tópicos del mundo moderno. Desde luego se entiende que el film se haya convertido en uno de los más taquilleros de la historia de Italia.

La idea del funcionario que se agarra a su puesto contra viento y marea es ya un caldo de cultivo magnífico para dar rienda suelta a numerosos episodios de gran comicidad, y al llevarlo al extremo funciona de modo genial la rivalidad entre Zalone y la rígida funcionaria del ministerio que pretende hacerle firmar la dimisión, interpretada con mucha eficacia por Sonia Bergamasco (La mejor juventud). Rodada con ritmo y con una puesta en escena muy sencilla, e incluso simple, cercana a la televisión, las tontorronas peripecias de Zalone siempre resultan muy cercanas e hilarantes. Aunque algunos toques de humor son levemente groseros, en general Zalone orilla bastante la zafiedad, lo cual se agradece. También la hondura de la historia es levísima y se pintan situaciones vitales frívolas, pero aquí cuenta sobre todo el humor desatado que desprende el protagonista con sus diálogos, sus miradas y su caradura, un cúmulo continuo de momentos despiporrantes que derrochan gags fáciles, directos y continuos, también con la tan socorrida explotación de las diferencias de mentalidad según la geografía.

 

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