UN HOMBRE LLAMADO OVE

Director: Hannes Holm
Calidad Técnica: Buena
Duración: 116 m.

Una delicia de película, esta cinta sueca ha conseguido dos nominaciones a los Oscar, a mejor film extranjero y al mejor maquillaje. Tiene la virtud de romper el saque, no la ves venir, o no del todo. Y con este enfoque, lejos de producir en el espectador desconcierto, logra justo lo contrario, alimentar un interés creciente.

La trama sigue a Ove, el hombre del título. Todo nos hace sospechar que se trata de un tipo insoportable. Vive solo, se queja de todo, siempre está gruñendo. Le molesta que los vecinos de su urbanización no cumplan las normas, o que circulen coches por donde no está permitido. Descubrimos que es viudo desde hace poco, y que visita con frecuencia la tumba de su esposa, a la que cuenta las novedades de su anodina vida, y sus deseos de reunirse con ella. Cuando le echan del trabajo, jubilación anticipada, parece que definitivamente se le han terminado las razones para seguir viviendo. De modo que intenta reiteradamente suicidarse, pero siempre hay algo que lo impide, y ese algo casi siempre consiste en su disposición a ayudar a quien requiere sus servicios. Como por ejemplo a una familia iraní recién llegada al vecindario, un matrimonio, sus dos hijas y un tercero en camino. Y es que quizá Ove sea mejor persona de lo que podemos imaginar, sobre todo porque se conoce a sí mismo, lo que no es sabiduría pequeña.

El director sueco Hannes Holm es conocido sobre todo por su saga de películas sobre la familia Andersson, tres comedias amables pero quizá con una idiosincrasia localista en exceso. Aquí los valores presentes son muy universales, pero no renuncia a un punto de vista muy escandinavo, al adaptar una novela de Fredrik Backman: sin duda que el carácter sueco queda perfectamente plasmado en Ove, un hombre que a pesar de su difícil carácter tiene sólidos principios, el cumplimiento del deber y el seguimiento de la ley no se discuten, algo que quizá a ciertas mentalidades mediterráneas hace sonreír irónicamente, pero de lo que convendría que tomaran buena nota; también la relación con un vecino y la rivalidad basada en sus coches de distinto fabricante, es humor nórdico de buena ley.

Sea como fuere, el mérito de Holm, autor también del guión, es desplegar su historia con gran equilibrio, y dosificando cierta intriga con flash-backs acerca del pasado de Ove, logrando un ritmo excelente, las dos horas de metraje se pasan casi en un suspiro. De modo que no se cae en los típicos excesos de la comedia negra, en las intentonas suicidas del protagonista, ni en el histrionismo tentador a la hora de mostrarle malhumorado –qué gran trabajo hace Rolf Lassgård en la versión anciana de Ove–, ni en el sentimentalismo blandito a la hora de tejer la historia romántica o las acciones altruistas. Lo que hay es una preciosa historia, muy humana, que invita a aceptar la vida como viene, desde el principio hasta su final, y así ser auténticos protagonistas de la propia existencia, lo que pasa por convivir con los demás, sin juzgarles, y prestándoles pequeños o grandes servicios sin darse importancia. Un planteamiento que ya me gustaría ver más a menudo en un panorama fílmico con frecuencia deprimente o desesperanzado.

Información ofrecida por Ateleus

 

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