MOONLIGHT

Director: Barry Jenkins
Calidad Técnica: Buena
Duración: 110 m.
Aspectos a destacar: Alguna escena violenta y de sexo.

Tres momentos, una vida. Little, Chiron, Black, son los tres nombres con que es conocido un afroamericano en distintas etapas de su devenir: siendo un niño a las puertas de las adolescencia, como un adolescente en el umbral de la juventud, y convertido en joven recién ingresado en la edad adulta. Chiron, su nombre real, vive en el conflictivo barrio de Liberty, Miami, donde la población es presa fácil de las drogas, por consumirlas o traficar con ellas. Su madre es adicta al crack. Él tiene problemas de autoestima, es un chico sensible y frágil, sus compañeros de colegio, cruelmente, le insultan llamándole maricón. Tiene dudas de si es homosexual, y nadie le ayuda a afrontarlas. Vive solo con su madre, y le toma bajo su protección Juan, camello de origen cubano, que vive con su novia Teresa, y que conforman una especie de segunda familia más acogedora, pero no menos problemática. En el colegio, sólo parece sentirse a gusto con Kevin, pero realmente la confianza parece imposible, sobre todo cuando los matones acechan. Con este panorama debe forjar su carácter, madurar.

Drama sorprendentemente sólido del hasta ahora desconocido Barry Jenkins, también guionista, que ha combinado elementos biográficos propios, con otros del responsable de la idea original, Tarell Alvin McCraney, quien había concebido un germen de obra de teatro que iba titularse “A la luz de la luna los niños negros parecen azules-tristes”.

Llama la atención el verismo de la dura trama, y la inteligencia con que se evita vender ideología, una tentación que de haberse materializado habría rebajado notablemente la fuerza de la historia. Así, dejando algunas puertas abiertas a la interpretación, al jugarse la carta de la ambigüedad –no hay que resolver todas las dudas, dar todo mascado–, sobre todo somos testigos de la dolorosa confusión del protagonista a la hora de crecer en un entorno donde se encuentra básicamente solo, no puede hablar y desahogarse. Es curioso, porque muchos personajes son conscientes de sus tristes carencias y contradicciones a la hora de plantearse ejercer a modo de padre, de madre, de amigo, y su impotencia, propiciada por la marginalidad donde se desenvuelven, acaba clavándose de modo fuerte en el ánimo del espectador. Ello sin estridencias, en un hábil juego de emociones contenidas.

Jenkins rueda con elegancia, visualmente muestra poderío, y su numeroso plantel de actores lo hace estupendamente, increíble casting afroamericano. Tenemos al protagonista, encarnado por tres actores muy naturales –Jaden Piner, Ashton Sanders, Trevante Rhodes– pero también a los secundarios, más conocidos, Naomie Harris –la madre–, Mahershala Ali –el camello Juan, Janelle Monáe –una actriz que empieza a despuntar–, donde los dos primeros tiene algunos momentos desgarradores, realmente memorables.

José María Aresté

 

Información ofrecida por Ateleus

 

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