LA LUZ ENTRE LOS OCÉANOS

Director: Derek Cianfrance
Calidad Técnica: Muy buena
Duración: 133 m.
Aspectos a destacar: Algunas escenas sensuales y de sexo

Hastiado de su experiencia en la Primera Guerra Mundial, Tom Sherbourne busca tranquilidad y llega a Australia para hacerse cargo de un trabajo bastante peculiar. Se trata de ser farero en el islote de Janus, un lugar inhóspito lindante con la Antártida, justo entre los océanos Pacífico y Atlántico, a cientos de kilómetros de la civilización. Antes de llegar a su destino conocerá a Isabel Graysmark, una joven llena de vitalidad y ambos se enamorarán hasta la médula. Tanto es así que al poco tiempo, ya casados, ella marchará a vivir con él a la solitaria Janus. La pareja esperará con ansia la llegada de un hijo.

Vuelve el director de Colorado a indagar en los sentimientos más hondos del corazón humano, capaces de generar enormes conflictos y también acciones de impresionante generosidad. En este caso, unido al amor conyugal se alza imponente el instinto de maternidad, una fuerza femenina de tal magnitud que es capaz de arrastrarlo todo a su paso.

Valiéndose de unos escenarios naturales enormemente bellos (el film fue rodado en localizaciones de Nueva Zelanda y Australia), la cámara de Gianfrance ofrece unas imágenes subyugantes de la isla y sobre todo en su primer tramo se opta por la contemplación, por momentos idílicos del amor, una explosión de felicidad que inunda a los personajes acentuada por el delicado e inspirado piano de Alexandre Desplat.

Y así hasta que en un “in crescendo” sostenido el núcleo de la trama dé lugar a un derroche exacerbado de sentimientos y desgarros emocionales que desembocan en una suerte de culebrón de alta temperatura afectiva, en donde el dolor, las dudas y la bondad de los personajes darán cabida al egoísmo y la desesperación, pero también al perdón, la renuncia, la asunción de la culpa y la búsqueda de redención.

Todo este cúmulo de sentimientos (herencia sin duda de su diseño literario estilo superventas) puede hacerse excesivo, sobre todo hacia el desenlace, pero se muestra con eficacia extraordinaria gracias a unos actores de mucho talento.

 Lo que en otras manos hubiera resultado de un empalago lacrimógeno inaceptable, en las del trío formado por Michael Fassbender, Alicia Vikander y –en menor medida– Rachel Weisz se convierte en algo tan arrollador como verosímil, de una intensidad melodramática difícil de superar.

Pablo de Santiago

Información ofrecida por Ateleus

 

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