LAS CRÓNICAS DE NARNIA: EL LEÓN, LA BRUJA Y EL ARMARIO

Director: Andrew Adamson
Calidad Técnica: Excelente
Duración: 140 m
Aspectos a destacar: Violencia

Los 4 hermanos Pevensie son enviados al campo, lejos de los bombardeos que asolan Londres. Allí, en la casa que les acoge. Lucy, la más pequeña, encontrará un armario que conduce a otro mundo.

Lo primero que hay que reseñar de la versión cinematográfica es que se trata de una (le las mejores adaptaciones al cine que se haya hecho de una obra literaria.

Y no era tarea fácil porque el libro de C. S. Lewis se construía como una alegoría de fondo teológico y forma deliberadamente infantil. Allí, Jesucristo, era, ni más, ni menos, que un león llamado Aslan.

Adamson (director de Shrek) no sólo se muestra escrupulosamente fiel al texto sino que, como parece que el reto se le queda corto, se esfuerza por ofrecer un espectáculo grandioso. Adamson tiene muy claro que está tratando con un cuento infantil y al ofrecer monstruos y batallas procura no salirse de este esquema. Pero tampoco se aleja del material alegórico sobre la Redención en su sentido cristiano y eso implica una pasión y una muerte (y una resurrección) traumáticas.

La forma de narrar la muerte de Aslan es paradigmática tanto estilísticamente como en su fundo: el sufrimiento y muerte del león son tan siniestros como lo pueden ser las pesadillas, de un niño, pero sin la violenta gratuidad que podría imaginar un adulto.

Algo similar ocurre con Edmund. La película se atreve a mostrar lo que todos los niños saben por experiencia: que no todos los niños son buenos que ellos mismos a veces no son buenos. Edmund es egoísta, malicioso y capaz de traicionar.

La elección de un rostro tan particularmente andrógino como el de Tilda Swinton es perfecto para encarnar a Jadis, la Bruja Blanca, absolutamente eficaz para transmitir atracción y maldad a partes iguales. No es una bruja fea con una verruga en la nariz. Es el demonio en su oficio de tentador. Sin duda, resulta una bruja extraordinariamente convincente por la ambigüedad con que se insinúa y la evidencia posterior de sus actos.

Las batallas no se pueden comparar en su dramatismo con las de El Señor de los Anillos pues van dirigidas a niños. Pero se compensa con la imaginación vertida en crear espectáculo. Lo loable de esta película es su magnífico equilibrio para no deslizarse ni al lado cursi ni al honor puro, su capacidad para fabular a niños sorprendiendo a los adultos.

Al igual que en la obra literaria, podemos percibir el cuento de un modo liso y llano, o podemos adentrarnos en su segunda lectura. Hay muchos otros elementos que contribuyen a ese equilibrio entre lo infantil y lo adulto: el colorido del vestuario; los escenarios; la peculiar banda sonora, siempre adecuada y con curiosidades tan notables como esa especie de charleston durante el juego del escondite...

Una película a ratos épica, a ratos divertida,a ratos terrorífica, a ratos emotiva, pero siempre enormemente lírica y fastuosa.

El león, la bruja y el armario es un pequeño lujo, de esos que te hacen apreciar el cine desde que eres pequeño por su capacidad para transmitir ideas, belleza y emociones.

 

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