“MES DE MAYO, TRATO CON LA VIRGEN MARÍA”

Autor: Urko de Azumendi

Licenciado en Geografía e historía.

Master en Educación Secundaria.

Profesor en Munabe Ikastetxea

Fuente:

Sontushijos

"Oirá sin duda el Hijo a la Madre...".

MARÍA COMO EJEMPLO DE FE ADULTA

El “magnificat” es totalmente original. Es de María. Ero está tejido con “hilos” del Antiguo Testamento, según nos dice Benedicto XVI. Está hecho de la palabra de Dios. Se ve que María estaba penetrada de la palabra de Dios, que pensaba con palabras de Dios. Pero, no sólo tiene fe. Cuando durante la anunciación se le propone la maternidad, ella no duda. No pregunta sobre el “qué”, sino sobre el “cómo” puede cumplirse la promesa, siendo esto incomprensible para ella: “¿Cómo será eso si no conozco varón?”

No basta la fe. Necesita entender. No es la suya una fe ciega; es consciente que vive en un mundo físico, con reglas, con leyes propias. Cierto que le hablan de la Voluntad de Dios, pero hay que aclararle cómo puede suceder algo así. La FE y la RAZÓN deben darse conjuntamente.

Lo que creo sobre la Virgen, debo estudiar algún aspecto, o profundizar en ello para que la unión se dé como en ELLA.

MARÍA COMO MEDIADORA

Nos dice San Bernardo: “oirá sin duda el Hijo a la Madre, y oirá el Padre al Hijo. Hijos amados, esta es la escala de los pecadores” “¿Podrá el Hijo no ser atendido por su Padre o rechazar los ruegos de su Madre?”

Acudir a María y hacerlo sin miedo. Exponerles nuestros problemas y nuestros pecados.

El mundo protestante renuncia a esta mediación. Para ellos, María está de más. Para ellos, cuanto más se habla de la Virgen, menos se habla de su Hijo, como si exaltando a la madre se pudiera ocultar al Hijo. Pero lo cierto es que si nos fijamos, allí donde se ha prescindido de la madre, han terminado prescindiendo del Hijo también.

Y ante esta mediación ¿cómo reaccionamos? A la Virgen le debemos honor y cariño, pero ¿algo más? Lo que ella desea está escrita en el corazón de toda madre. ¿Me quieres a mí? Ama entonces a mi Hijo. Ámame en mi hijo. Eso se ve bien en todas las madres. Como se alegran cuando son positivamente valoradas, pero cómo se hinchan cuando se les mencionan las virtudes de sus hijos. Por tanto, amarla en su Hijo, pero ¿cómo? Una buena opción es cuidarlo en los pobres, en los que sufren, en los que no conocen a Dios. En una ocasión comentaba con sincero dolor un mendigo que lo que peor llevaba de dormir en un cajero automático era que al entrar la gente a hacer sacar su dinero, ni le miraban, como si no existiera. No había un saludo o una despedida. Y si Jesucristo está también en los pobres, en los que sufren, es a Él a quien le hacemos el feo.

MARÍA EN LOS SANTUARIOS

Gran parte de la devoción mariana preconciliar era sentimental (dulce, ñoña, blandita…). Un clima “supermariano” una hiperdulía mal explicada pudo alejar a gente cultivada, pero lo cierto es que como constató el cardenal Ratzinger, en los años 90 los únicos números que de verdad crecían en el catolicismo, mientras bajaban los de los seminaristas o los religiosos, eran la de los peregrinos a los santuarios, especialmente a los marianos.

Mucha gente que no acude a misa, a la cita dominical, sí que acude a la llamada de la madre. Y es que es posible una devoción profunda y a la vez, viril, como contraposición a esa blandita que señalara anteriormente. La devoción popular es un gran tesoro al que la Iglesia no debe renunciar jamás. Es más, la misma Virgen pidió en Lourdes “quiero que aquí se erija una capilla y que vengan en procesión”. A este respecto dice Ratzinger, “<Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios>: el órgano para ver a Dios es el corazón purificado. A la piedad mariana podría corresponderle provocar el despertar del corazón y realizar su purificación en la fe. Si la miseria del hombre actual es desmoronarse cada vez más en puro bios y pura racionalidad, dicha piedad podría contrarrestar tal <descomposición> de lo humano, y ayudar a recuperar la unidad en el centro, desde el corazón.”

Ir a los santuarios. El rezo del rosario, solicitado por ELLA. Involucrar a la familia. Y siempre en el centro de la romería, la oración. El comer, el disfrutar de la compañía de los amigos y familiares en un segundo plano. Lo primero Dios y su bendita madre.

Twitter