NOTAS SOBRE LAS TRES ENCÍCLICAS DE BENEDICTO XVI

Autor: Eloy Olabarri

Arquitecto.

Director del Munabe Ikastetxea

Padre de familia.

Orientado familiar.

Fuente:

Sontushijos

Populismo versus testimonio de vida y de pensamiento.

 En plena crisis mundial con todo tipo de populismos al acecho, nos conviene dirigir la mirada a aquellas personalidades que pueden ofrecer un testimonio claro, de vida y de pensamiento, en el que cimentar nuestra existencia. De entre todas estas personalidades, destacan de manera muy significativa las figuras, verdaderamente titánicas, de los últimos Papas. Qué difícil resulta no conmoverse al pensar en la batalla contra el Mal que libró el Papa Pablo VI. Comprobamos en nuestros días los estragos causados allí donde la voz del Papa Montini no fue acogida. Tras de él han venido Juan Pablo I, Juan Pablo II, Bendedicto XVI y el gran Papa Francisco, que está cambiando profundamente la Iglesia. Parte de su aportación a la Iglesia, pero también al mundo entero, son sus encíclicas. Son documentos capitales todas ellas, pero me gustaría destacar en este breve artículo las tres encíclicas que compuso el Papa Benedicto XVI, porque al tratarse de las tres virtudes teologales, Fe, Esperanza y Caridad, suponen una base extraordinariamente sólida para construir nuestras vidas con la mirada puesta en Jesucristo. El objeto de estas líneas es compartir algunas notas que me ha sugerido una relectura reciente.

Encíclica "Deus caritas est".

He redescubierto recientemente los conciertos para piano de WA Mozart. Asistí el mes pasado a una interpretación del N19 en las prodigiosas manos de Christian Zacharias, y no he podido evitar después escuchar los siguientes, el N20 y sobre todo el N21. Al escuchar esa música uno tiene la tentación de clasificar toda la historia de la música en dos épocas: la época de espera a Mozart, y la época de recuerdo a Mozart.

E inmediatamente uno lo traspone a los escritos del Papa Emérito Benedicto.

Y es que en esta su primera encíclica, de apenas 86 páginas, queda delineado el concepto esencial de la Fe. Comienza por la definición del amor, y concluye con su identificación como fuente de toda la acción de la Iglesia.

"La devoción de los fieles (a la Virgen María) muestra al mismo tiempo la intuición infalible de cómo es posible este amor: se alcanza merced a la unión más íntima con Dios, en virtud de la cual se está embargado totalmente de Él, una condición que permite a quien ha bebido en el manantial del amor de Dios convertirse a sí mismo en un manantial "del que manarán torrentes de agua viva" (Jn 7,38)".

Termina la encíclica con esta oración, tan sencilla, pero a la vez profunda en su tratamiento de los conceptos de la luz, el agua, el conocimiento y el amor.

"Santa María, Madre de Dios,

tú has dado al mundo la verdadera luz,

Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios.

Te has entregado por completo 

a la llamada de Dios

y te has convertido así en fuente 

de la bondad que mana de Él.

Muéstranos a Jesús. Guíanos hacia Él.

Enséñanos a conocerlo y amarlo,

para que también nosotros 

podamos llegar a ser capaces

de un verdadero amor

y a ser fuentes de agua viva

en medio de un mundo sediento."

Como la de WA Mozart, música dulcísima para nuestras almas.

Encíclica "Spe salvi".

Conocemos las virtudes teologales. Fe, Esperanza y Caridad. Tenemos una idea más o menos clara sobre la Fe y sobre la Caridad. Pero no conocemos tanto a la Esperanza. Este tiempo nuestro es muy activo en razonar sobre lo que nos pasa, y en informar sobre lo que hacemos, pero ¿qué encontramos sobre lo que nos mueve? Poco. Y eso nos pasa factura. 

Somos presa fácil del desánimo, de la tristeza, de la autojustificación, la autocomplacencia y del tomarnos compensaciones por nuestra cuenta y riesgo...

El Papa Benedicto, en esta encíclica, carga sobre sus hombros a toda la humanidad de principios del siglo XXI y nos lleva a un horizonte nuevo, lleno de Alegría.

Conocemos la justicia, y por ello tiene que existir la Justicia. La Justicia de Dios, que no puede no recompensarnos todo lo bueno que hay en nuestra vida, y que aquí queda sin ser reconocido. O no curar las heridas que nos provoque el vivir según su Amor. Él ya lo hizo así en su Encarnación.

Un texto que recoge nuestra alma, y por muy desanimada que ésta se encuentre, la saca a hermosas visiones de Luz y Felicidad.

Encíclica "Caritas in veritate".

El Papa Benedicto publicó esta encíclica en el año 2009. Se puede resumir su itinerario magisterial diciendo que la primera de sus tres encíclicas, "Deus caritas est" trataba de la Fe, la segunda "Spe salvi", de la Esperanza, y que ésta de "Caritas in veritate" trata de la Caridad.

Como en todos los escritos de Joseph Ratzinger, ninguna palabra o frase sobra ni falta, nada está de más, ni tampoco se puede decir más con menos. Es una delicia pasar en sus textos de una oración a la siguiente.

En esta encíclica, además de un análisis muy profundo de las realidades sociales de nuestra época, destacan el intento de actualización de la doctrina social de la Iglesia, el homenaje al gran Papa Pablo VI, y las propuestas para superar los problemas derivados de unos sistemas económicos que olvidan que están al servicio del hombre, de cada hombre y mujer. 

Este punto es especialmente luminoso. En medio de épocas de fuertes crisis económicas, de grandes movimientos macroeconómicos y globalización, el Papa reivindica el valor de cada persona humana, de cada hombre y de cada mujer, como el verdadero destinatario de las mejoras de los sistemas económicos.

Además, aporta dos grandes novedades. Por un lado pide la inclusión de la gratuidad como concepto económico útil. Tomar conciencia de que bienes o acciones que se producen o realizan de manera gratuita pueden generar riqueza para todos. Y por otro lado, pide considerar el desarrollo de los pueblos desfavorecidos como una oportunidad de crecimiento económico global.

En el último punto de la encíclica, este Santo Padre, nos deja una hermosa interpretación de la oración del Padre Nuestro:

"Que junto al Hijo unigénito, todos los hombres puedan aprender a rezar al Padre y a suplicarle con las palabras que el mismo Jesús nos ha enseñado, que sepamos santificarlo viviendo según su voluntad y tengamos también el pan necesario de cada día, comprensión y generosidad con los que nos ofenden, que no se nos someta excesivamente a las pruebas y se nos libre del mal". 

Pienso que es emocionante haber compartido un tiempo de la Historia con esta gran figura de la humanidad de todos los tiempos, Joseph Ratzinger, Papa Benedicto XVI.

Twitter