NO ES TU MONO, ¡ES EL SUYO!

Autor: Carmen Guerenabarrena

Licenciada en Humanidades por la Universidad de Navarra, y diplomada en Magisterio.

Ha ejercido como docente en varios colegios, y desempeña cargos de gestión y recursos humanos.

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Original para sontushijo

¿Es bueno que los padres vivamos en primera persona los problemas de nuestros hijos?

Comienza el curso y con él la rutina, los horarios y, para más de uno, nuevas situaciones. Situaciones que acarrearán alegrías y dificultades no sólo para padres, tutores o profesores, sino también para cada alumno, en cada aula y en cada colegio. ¿Qué hago para no sufrir, para evitar ese dolor? Antes de nada, lo primero que debemos hacer es asumirlo y afrontarlo con la mejor de las actitudes posibles; pero también siendo muy conscientes de que no debemos sufrir más de la cuenta.

Muchas veces los padres nos empeñamos en sufrir por nuestros hijos, evitando a toda costa que tengan que vivir y afrontar un momento difícil. Esta es una reacción totalmente natural pero, ¿estamos ayudándoles a prepararse para un mundo donde el sacrificio, la lucha y las dificultades están presentes en el día a día? Seguramente, si racionalizamos este pensamiento, el resultado será que quizá estemos quitándoles oportunidades de mejora y crecimiento.

Pero, ¿cómo voy a querer que mi hijo sufra? Nadie lo quiere, lógicamente, y menos un padre o madre. ¿Qué hacer, por tanto, ante estas situaciones? Una cosa muy sencilla y difícil a la vez: ¡acompañarles! Pero siempre siendo conscientes de que no somos nosotros quienes tienen un problema que afrontar; son mis hijos los que afrontan una situación difícil y yo, como padre o madre, apoyo y ayudo; pero no les libro o sufro por ellos esa situación, porque afrontar cualquier dificultad es algo que les pertenece única y exclusivamente a ellos; de hecho ¡es suyo!

Por tanto, debe quedar claro que no somos nosotros lo que hemos de resolver esa  situación, son nuestros hijos los que tienen  que resolverlo, ellos y sólo ellos. Nosotros les podemos asesorar y ayudar, pero no tomárnoslo a pecho como un problema personal. Como diría una persona que conozco: “¡Ese no es tu mono, es el suyo!”.

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