NO SOMOS VASIJAS

Autor: Antonio Gómez Amigo

Ingeniero de telecomunicaciones.

Padre de familia numerosa.

Orientador familiar.

Fuente:

Original para sontushijos

El amor con cuerpo y alma es el único lugar digno para engendrar una vida.

 

Un grupo de colectivos feministas y LGTB han lanzado la campaña “No somos vasijas” para denunciar la práctica de los vientres de alquiler. Incluso Femen se ha unido a ellos para protestar delante de la feria de la maternidad subrogada de Madrid “Surrofair”. Alegan, al igual que las asociaciones que defienden la vida y la familia, que es una práctica que va contra la dignidad de las mujeres y de los niños, que les mercantiliza y convierte en objeto de un contrato.

Es llamativo que la mayoría de las mujeres que se prestan a gestar un niño para otros lo hagan por motivos económicos. En algunos casos incluso leemos que los que han encargado el bebé “no han aportado material genético”, ante lo que cabría preguntarse: ¿qué han aportado entonces?

Que se trate de un negocio puede hacernos sospechar que hay algo turbio, pero es necesario profundizar más. Al fin y al cabo, si somos individuos adultos, maduros e independientes, y nuestra libertad está limitada únicamente por la libertad de los demás ¿por qué no podría una mujer disponer a su arbitrio de su propio cuerpo, tanto para gestar un bebé ajeno como para vender un órgano? ¿No sería cierto que “mi cuerpo es mío y hago con él lo que quiero”?

El punto débil de este planteamiento es que choca con la realidad. No somos individuos aislados, sino que precisamente aprendemos a ser humanos en una familia, primero de nuestros padres y hermanos, y en la sociedad después. Y nuestros padres no nos educaron arbitrariamente, sino que nos enseñaron a expresarnos, a escuchar, a conocer y a amar como personas. Y nos mostraron también que nos habían traído al mundo a través de su amor mutuo. Ese amor con el cuerpo y con el alma que es el único lugar digno para engendrar una nueva vida. 

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