LA ABUELA ES COMO UN BEBÉ

Autor: Antonio Gómez Amigo

Ingeniero de telecomunicaciones.

Padre de familia numerosa.

Orientador familiar

Fuente:

Original para sontushijos

En las fotos no se aprecia el cansacio, las noches sin dormir ni las preocupaciones.

 

En casa ya no quedan bebés. Han crecido, y se han transformado en adolescentes. Mirando las fotos de hace unos años, cuando eran pequeños, se siente un poco de nostalgia: ¡qué monos y adorables eran! Claro que en las fotos no se ve el cansancio, las noches sin dormir ni las preocupaciones. Sí que se ve, en cambio, la esperanza de que esos niños tengan un gran futuro. Es verdad que no siempre es así, y hay padres admirables que nos enseñan que, incluso cuando un hijo tiene una grave enfermedad y su porvenir es oscuro, se puede decir: “Si tu vida no puede estar llena de días, nosotros llenaremos de vida tus días”.

En casa vive también la abuela. Ella, que era tan remangosa y decidida, está ahora enferma. Necesita que la acompañen en todo momento, que le den de comer, que le laven, y hace tiempo que no reconoce a nadie. La abuela a veces está contenta, y otras preocupada. Cuando alguien le dice “¡Qué guapa estás hoy! ¿Has ido a la peluquería?”, sonríe halagada. Si la cuidadora le peina con cariño se le nota que está gusto, y agradece con la mirada las caricias y los besos. Cuando parlotea con su lengua de trapo, como los niños, pide con los ojos que le atiendan y que le contesten, que le dirijan palabras de interés y aprobación.

Hay quién se pregunta qué sentido tiene la vida cuando se ha perdido la autonomía y la razón. No sé si sabría contestar, pero sé que la abuela vive para recibir cariño y cuidados, y para darnos la posibilidad de atenderla y mimarla. 

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