Son Tus Hijos | Escuela de Familias - INTOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN: UNA “GENERACIÓN BLANDITA” QUE DEBE EQUIVOCARSE

INTOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN: UNA “GENERACIÓN BLANDITA” QUE DEBE EQUIVOCARSE

Autor: Félix Eguskiza Uriarte

Licenciado en Filosofía y Letras – Filología Vasca

Profesor en Munabe de Lengua y Literatura vasca en la ESO y BACHILLERATO

Experiencia profesional de 32 años de docencia

Fuente:

Original para sontushijos

¡Es necesario que los adolescentes se equivoquen!

Es responsabilidad de todos, pero sobre todo de los padres, dejar a los adolescentes que se equivoquen, no caer en el error de sobreprotegerlos en sus responsabilidades, y no evadir castigarles cuando sea oportuno. No nos debe dar miedo llevarlo a cabo.

Un modelo educativo escolar o familiar sobreprotector o hiperexigente hace que el adolescente reduzca su habilidad para enfrentarse a los problemas cotidianos, mostrando a su vez una reducidísima capacidad para enfrentarse a la frustración.

De un tiempo a esta parte están llegando a mis manos una serie de estudios directamente relacionados con la sobreprotección de los padres a los hijos. Dichos escritos constatan la existencia de una corriente muy extendida entre los padres de las “nuevas generaciones” que consiste en aplicar, a mi entender, una máxima equivocada: evitar que los hijos sufran impidiendo su autonomía y eximiéndolos  de las decisiones importantes en su vida diaria escolar o familiar. Es decir, pretenden evitar a toda costa que la frustración haga mella en nuestros hijos adolescentes. Gravísimo error.

Los padres, con toda su buena voluntad, esto es innegable, se preocupan por el futuro de sus hijos desde que son pequeños, fomentando en muchos casos la competitividad y presentándoles un futuro laboral incierto y difícil. Al mismo tiempo, constatando la inseguridad de la situación, optan por sobreproteger a los hijos adolescentes resolviendo ellos mismos los problemas que no les corresponden. No son conscientes del error educativo que cometen al no educar a sus hijos para afrontar los problemas y enfrentarse a las dificultades de la vida.

A este respecto, considero interesante enumerar algunas ideas destacables:

  • * Una manera muy buena de aprender (en mi opinión la más adecuada) es dejar que nuestros hijos se equivoquen. Para que esto sea posible debemos ofrecerles autonomía, y no sobreprotección innecesaria. Tienen que decidir por sí mismos.
  • * Cuando un adolescente ha sido educado en un ambiente sobreprotector no aprende a ser responsable de sus propios actos, delegando la última decisión en sus padres o, en última instancia, en sus amigos. Este tipo de joven siempre ha obtenido de forma inmediata lo que ha pedido, por tanto, cuando no lo tiene vive en una constante frustración. Muestra inmadurez, irritabilidad, insatisfacción, y en algunos casos, incluso agresividad. Estos adolescentes no saben ser responsables de su bienestar.
  • * Un análisis de los niveles de aprendizaje en este tipo de estudiantes refleja en numerosas ocasiones una menor iniciativa propia, una falta de motivación en los estudios y una escasa creatividad. ¿Cómo resuelven los padres esta situación?  Realizando ellos mismos los trabajos de sus hijos para que éstos obtengan buenas calificaciones. El adolescente capta de forma rápida el mensaje: el fin sí justifica los medios y, por lo tanto, el esfuerzo personal y la responsabilidad debida pasan a un segundo plano.
  • * En lo referente a la ayuda a nuestros hijos adolescentes o no tan adolescentes en sus tareas escolares, cabe señalar que la presencia de los padres debe disminuir en función de la gradual adquisición de la autonomía antes citada. Es otras palabras, sí debemos colaborar con sus tareas escolares, ayudarles a hacer los deberes, pero en función de sus capacidades. Nuestra labor debe consistir sobre todo en enseñarles cómo gestionar el tiempo, el lugar del trabajo y la organización de tareas, pero no en “hacer los deberes del niño para que no saque malas notas ni dé la impresión de falta de trabajo”. Debe hacerlos, pero también debe equivocarse para luego poder corregirlos.
  • * Otro aspecto a tener en cuenta es que los padres deben entender que este saber enfrentarse a los problemas, con el consiguiente “sufrimiento” personal, no se puede exigir de repente. Requiere de un entrenamiento y de una vivencia guiada en saber discernir y asumir responsabilidades desde edades tempranas. El adolescente sólo  sabrá tomar decisiones si no se le ha dado todo resuelto. De ahí la importancia de saber asumir el resultado “doloroso” (la frustración) de una decisión con posibilidad de resolver ésta de forma autónoma.  Nuestros hijos deben “aprender a sufrir” las adversidades para luego ser capaces de salir de esas situaciones con éxito.
  • * La utilización responsable de las redes sociales por parte tanto de los padres como de los hijos también debe ser tenida en cuenta. Me refiero, más concretamente, a los grupos de Whatsapp, y también a la conveniencia o no del uso de dispositivos móviles a determinadas edades. Respecto al primer punto, resulta contraproducente e irresponsable la actitud de algunos padres en lo referente a la creación de grupos de Whatsapp con otros progenitores de la misma clase para mandarse los deberes de sus hijos, o incluso, decirles qué página(s) tienen que estudiar, cuando esta debiera ser una responsabilidad exclusiva de sus hijos en clase. Este tipo de actitudes privan al alumno de aprendizajes muy valiosos como pueden ser la responsabilidad de saber cuáles sus tareas, la realización personal de las mismas dado que la información la han obtenido por sus propios medios y no a través de sus padres, la memoria, la atención, y tener la constancia de cuáles son las consecuencias académicas de no hacerlos.
  • * Relacionado con lo anteriormente expuesto está la adquisición de un teléfono móvil para que sea utilizado por los hijos.  Cuando se haga, lo primero es establecer unas normas de uso, dado que la experiencia dice que en muchos casos los adolescentes no son capaces de regular por sí mismos el tiempo que le dedican. Por tanto, el uso del móvil debe estar supeditado al cumplimiento de una serie de tares y a un horario establecido. Debemos informarles, además, de los peligros que entraña una mala utilización de las redes sociales, y adecuar el contenido de internet a la edad de nuestros hijos. Hay que recordarles de vez en cuando que el móvil es de los padres (puesto que son quienes lo han comprado y lo pagan), y no de ellos. Sólo les corresponde un uso responsable del mismo, pero no su propiedad.

A modo de conclusión quisiera terminar con una cita de Alfonso Aguiló de su libro “Educar el carácter” (Ed. Palabra): “Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades por las que sí pasaron ellos, la sociedad se vuelve más cómoda, blanda, menos esforzada. Pasa también con los países”.  La reflexión está servida, y la  respuesta a nuestro alcance.

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