Y OTRA VEZ, LOS DEBERES

Autor: José Bermudez

Licenciado en filología inglesa, Graduado en educación primaria y Master en formación del profesorado. 

Coach en Thinking Based Learning (TBL).

Colaborador en www.theflippedclassroom.es

Co-responsable de Model United Nations (MUN) en el Colegio Munabe

Fuente:

Original para sontuhijos

Opinemos sobre ello, pero no de manera superficial.

 Y otra vez, los deberes. No son pocos los foros en los que durante estos últimos años se ha discutido sobre la importancia, o no, de los deberes. Nos situamos ante dos bandos, cuya reconciliación parece difícil por lo alejado de sus posturas. Tal es la magnitud del asunto que incluso se ha llegado a proponer regularlos por ley en el congreso de los diputados. 

Por un lado los detractores de la tarea de casa. Sus principales argumentos se basan en la necesidad que tienen los más pequeños de disfrutar de su tiempo libre una vez acabada la jornada lectiva en los colegios. Padres y madres que invierten horas ayudando a sus hijos, incluso a altas horas de la noche, para que puedan finalizar las tareas que diariamente se les mandan. Tiempo que también sus hijos deben de invertir en sus propias casas en vez de socializar con sus compañeros. No es un razonamiento difícil de comprender, más aún teniendo en cuenta el número de horas que los alumnos dedican en los centros escolares para ampliar sus conocimientos. Pero, ¿se trata solo de aprender matemáticas, lengua e inglés? ¿o hay algo más profundo y menos tangible, a priori,  detrás de los deberes?

Los motivos de los partidarios de la tarea de casa tampoco son para nada desdeñables. Más allá de los conocimientos propiamente dichos, se habla del hábito de trabajo y de la cultura del esfuerzo, palabras que se repiten una y otra vez a lo largo de toda la educación primaria y que por desgracia muchos suelen recordar con nostalgia cuando se llega a secundaria. Los deberes son una buena herramienta para reforzar la autonomía y la constancia que a todo alumno le hará falta según vayan pasando por diferentes etapas educativas, en definitiva una buena preparación para su futuro. 

Desgraciadamente parece que nadie quiere estar en un punto intermedio cuando se habla del asunto, o se está favor o en contra, consenso no es una palabra que últimamente esté de moda. No puedo evitar fruncir el ceño cuando se intenta justificar la eliminación de los deberes a través de comparaciones con otros sistemas educativos europeos,  como si elementos culturales aislados fuesen extrapolables a una sociedad totalmente diferente, tal vez es que la reforma debería ir más lejos. Tampoco comparto que sean los padres los que hagan los deberes de sus hijos porque les acostumbramos a una realidad en la que siempre tienen un comodín en el apoyarse ante el más mínimo problema. Todo esto no quita que la carga de trabajo de nuestros alumnos es en muchas ocasiones, sin duda alguna, excesiva y por lo tanto tediosa e improductiva. Llegamos por lo tanto a ese punto que da miedo, alejado de los extremos, en el que se busca el pacto entre escuelas y familias.

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